viernes, 23 de junio de 2017

Cuando la Realidad Supera a la Ficción | Paula Chacón

Un ensayo de la obra: “Cómo Nos Venden La Moto”

Hace más de veinte años Chomsky, N. y Ramonet, I., autores de la obra que trataré a lo largo de este ensayo, analizaron la sociedad de sus momentos y plasmaron de forma crítica lo inverosímil de las acciones de los más poderosos. Camino de las tres décadas, hoy día me atrevería a cuestionar el poco cambio o incluso el retroceso a una situación peor.

En la actualidad, nos hacen ver que deberíamos estar agradecidos del gran avance que ha supuesto la libertad de expresión. Sin embargo, debemos tener en cuenta la desvirtualización de conceptos y sobre todo conocer que, aun teniendo el supuesto derecho a la libertad de expresión, ésta, como todo debe tener una delimitación (que no deja de ser censura). Ejemplos claros y muy mediáticos los tenemos muy presentes, como usuarios de redes sociales que hacen críticas humorísticas a movimientos fascistas y son condenados más duramente de lo que lo son personas de la élite juzgados por blanqueo de dinero o corrupción.

Argumentar cómo día tras día se nos engaña para que seamos una marioneta más del mundo, un número más en la globalización, roza los límites de lo denigrante y lo inmoral. A diario nos bombardean con noticias de tolerancia con los inmigrantes, qué bueno es nuestro gobierno que nos inculca que no debemos ser racistas. Mismo gobierno que haciendo uso de los medios de comunicación reivindica “lucha contra el terrorismo”, seguido de imágenes del estado islámico, ¿es el único estado terrorista? ¿combatimos guerra con lucha? El fomento del miedo, el sentimiento nacionalista, factores muy fascistas singuen estando presentes en la democracia actual; y por tanto en nuestra sociedad, en nosotros.

Nos estamos dejando convertir de manera que no permitimos una verdadera evolución, escondidos tras la comodidad de la pasividad y de dejarnos dirigir porque si no lo hiciéramos habría medidas. Otra cuestión muy curiosa es la del pensamiento único, aquello que el poder estipula, es lo correcto; aquellos que promuevan cuestiones distintas y/o que estén en contra de lo estipulado, automáticamente son juzgados como radicales, como una amenaza al sistema, como un enemigo de la sociedad.

Somos un barco a la deriva que cree ir rumbo fijo a un destino sólo porque el capitán que maneja el timón dice conocer un destino. Realmente, yacemos sumidos y condenados a la decadencia pues a día de hoy se juzga, condena y avergüenza al progresismo. Gran y actual ejemplo el de la inclusión de términos femeninos a la RAE que ha dado lugar a comentarios muy vergonzosos, reflejo de una sociedad tristemente patriarcal.

Ojalá que este barco a la deriva que todos dejamos manejar a una minoría, seamos capaces de dirigirlo entre todos sin necesidad de hacer uso a la desinformación, sin limitaciones a la libertad para poder llegar todos juntos a un destino común que nos augure la evolución y el progreso. Esto es, sin embargo, cosa de todos. Ideales e intereses a parte, deberíamos entender la humanidad del humano y conseguir un rumbo común y justo.

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