domingo, 18 de octubre de 2015

Un año más se suma a los ocho de tu ausencia

Otro año más vuelve a marcar el calendario 19 de octubre. Fecha que solo con escucharla, quiebra mi alma en dos. Otro año más, me enfrento a abrir mi corazón, un corazón herido por la ausencia y el dolor, las lágrimas y el recuerdo. Porque día tras día su recuerdo está más presente en cada labor, en cada avance y cada retroceso, en toda noche de insomnio y en cada velada soñada. Sin embargo hoy, es el único día del año en el que expongo todo aquello que durante 2922 días, se sucede en mí tras su ausencia. 2922 días, qué relativo es el tiempo, tan poco y sin ella, tan poco para lo que me queda por extrañarla, tanto sin ella, porque casi se cumple la mitad de mi vida desde que se fue.


Estas son las letras que más me cuestan dejar fluir, y las más necesarias para mí, mi única formar de estar más cerca de su recuerdo, una de las muchas maneras de homenajear su ausencia física, la presencia constante de su alma en el corazón de su familia, conocidos y no tan cercanos conocidos.

Mencionar las virtudes y defectos de alguien, es tremendamente sencillo, más sencillo aún es exagerar y hacer hincapié en sus atributos y afectos, tras su fallecimiento. Es esta misma costumbre, esa misma fachada de la que todos hemos hecho uso en algún momento, la que impide separar la realidad de la ficción, la que mezcla ambas influencias, la que resta credibilidad a cada virtud que se intente destacar de alguien que ya no está entre nosotros, entre los vivos. La única forma, pues, que queda para mostrar lo real que resultó para muchos la bondad de a quien hoy dedico estas letras, no es si no, ver cómo tras casi una década de su muerte, su recuerdo permanece constante en mi vida diaria y en la de muchos que la conocieron. La única manera para que os hagáis idea de lo grande que era la persona a la que os hago mención, es afirmando como el afóro de la inmensa iglesia se desbordó el día de su entierro, cómo creyentes y no creyentes, practicantes y no tan practicantes, quisieron hacer un simple acto de presencia acompañándola en su partida hacia aquello a donde se dirijan nuestras almas tras la muerte.

Disculparme ahora, que la importancia de estas letras dejen de dirigirse a vosotros, dejen de abriros mi corazón a un número indeterminado de personas, porque la única protagonísta de estas palabras, de estos sentimientos, es ella. La única causante de estas emociones, es la muerte, el fin de la vida, que me arrebató a mi verdadero y de por seguro único amor, quien ahora se reduce a una foto, a un recuerdo, a cuatro letras: ella. Ella, mi bisabuela, mi heroína, simplemente TÚ, ABUELA.

Un nefasto día te acompañó en tu partida, cayendo en el descanso tras tu ausencia. Un tormentoso 19 de octubre de 2007, marchaste a las 10:13. Quisiste que ese viernes la lluvia que tanto nos asusta a los almerienses, no me dejase asistir a la escuela, que te acompañase en tu despedida de la vida. Fue marcharte y clarear el día, aunque mi corazón odiase mi alrededor, era malditamente precioso el sol que entre las nubes apareció, porque tú lo hiciste brillar así, con tu mágia, por tí misma; lo hiciste brillar con tu vida.

Tú abuela, sin saber de letras, ignorante de factores académicos y escolares, la más sabia e inteligente mujer donde las haya. Sabia de la vida, inteligente y valiente del día a día. Tú que paciente prestabas tus oídos a mis intentos por inculcarte en la lectura, tú que dichosa repetías e imitabas los sonidos vocálicos de mi ''Cartilla Santillana'', que los de mi generación bien recordarán, tanto como otros más mayores, podrán comparar con los ''Cuadernos Rubio''. Tú que tras caer en tu propio olvido, tú que tras olvidarte, olvidarme y olvidarnos, tú y la enfermedad que se apoderó de tu cabeza y finalmente de todo tu ser. Tú y tu lucha contra el Alzheimer, tú y tus muchas victorias en cada batalla frente al olvido.

Inimaginable lo afortunada que me sentí, siento y sentiré en este mi sendero de la vida, porque conforme tu voz se iba apagando para los demás, con el paso de los días, las semanas, los meses y los años, jamás desconectaste ese vínculo entre nosotras, jamás dejaste de escucharme, de hablarme, de reconocerme o confundirme; eso ya da igual. Cada palabra que de tus labios se escapaba en función de los días que iban pasando era cada vez más valiosa, por ello, el mayor regalo de mi vida es que tus palabras fueran para mí, que nuestras conversaciones resultasen únicas, que hasta en tu último aliento siguieras teniendo palabras y/o expresiones, solo para mí, cuando ya no las había para nadie.

Te quiero abuela, en presente y en futuro más que en pasado, porque aunque este sentimiento de ausencia me haga echarte tanto de menos, no puedo dejar de quererte cuando sigues conmigo, cuando cuento con tu apoyo, de otra forma, pero continuas siendo ese pilar que mantiene mi vida, cuando ésta pende de un hilo.
Y han cambiado muchas cosas en estos 8 años, en la familia, en el entorno, incluso en mí misma. De hecho, muchas no te gustarían, aunque sé que otras te encantarían. Sin embargo, no tengo miedo al error, no tengo miedo al dolor, ni a la tristeza; mis brazos están abiertos al riesgo, la diversión y la alegría, porque sé que antes o después, tu mano aparece en mi error o mi acierto, para levantarme o ayudarme, para quitar mi venda o cerrar mis ojos, para aprender y también para desaprender. No creo creer en nada más que no seas tú, porque ese ''algo'' en el que hasta los más ateos creen, para mí, eres tú, mi diosa, mi guía.

Cada padre, daría su vida por sus hijos, aunque el sentimiento entre abuelos y nietos supera la vida, cada abuelo, daría todo por su nieto, en cierto modo llegan a quererse más entre nietos y abuelos que entre padres e hijos, dentro de lo esencial de esas conexiones familiares. Por ello, soy consciente de lo afortunada que he sido por haber tenido la oportunidad de conocerte durante los diez primeros años de mi vida, que hayas formado parte de mi infancia y pre-adolescencia. Y de que aunque para mi fueras mi abuela, que mi boca se llene de orgullo al decir que he gozado de ti, mi bisabuela, durante diez años, más de lo que muchos han podido y aunque me gustaría haberte disfrutado por más, y aunque te sintiera tan cercana como a una abuela, me enamora del amor que siento por ti, el saber que si la relación entre abuelos y nietos es mucho mayor que la que existe entre padres e hijos, la nuestra supera la comparación entre las dos anteriores, bisnieta y bisabuela, unidas por un sentimiento de abuela y nieta, el resultado no puede ser si no eterno.
Y resultara inmaduro e infantil, pero ocho años después, yo sigo clamando tu regreso: ''vuelve, haz que despierte de esta pesadilla que provoca tu ausencia, vuelve''. Es la injusticia de no tenerte, que me hace dudar de la existencia de ''otra vida'' tras la muerte, sin embargo, deseo que así sea, que exista, para así vivir cada día de tu ausencia, con la alegría, la ilusión y la esperanza de que volveré a encontrarme contigo y tu sonrisa, con tu abrazo, tu voz y tu olor. Unir nuevamente nuestras emociones en un abrazo.


<<Y la muerte no será más, ni existirá más lamento, ni dolor, ni clamor, las cosas anteriores, han pasado>>.

Tu amor, mi amor, nuestro amor.



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